miércoles, 11 de julio de 2012


La agresividad crónica de los niños después de que inicia su estancia en la escuela es la condición que más se relaciona con delincuencia en la adolescencia, la juventud y la vida adulta. Los niños persistentemente agresivos después de los 10 años de edad están asociados a condiciones de vida difícil, deserción escolar, precocidad en el inicio de la vida sexual, mayor número de parejas, consumo de alcohol y mayor dificultad para graduarse de la universidad.

Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal en la infancia pero algunos niños persisten en su conducta agresiva y en su incapacidad para dominar su mal genio. Este tipo de niños hace que sus padres y maestros sufran siendo frecuentemente niños frustrados que viven el rechazo de sus compañeros no pudiendo evitar su conducta.
El trabajo  a seguir es la socialización de la conducta agresiva, es decir,  habrá que modificar  el comportamiento agresivo para que derive hacia un estilo de comportamiento asertivo.
 Los problemas de conducta en el aula, son aquellos comportamientos del niño que interfieren en el logro de las metas académicas. El cambio de estas conductas se considera necesario para alcanzar los objetivos escolares.

Los mensajes de agresividad llegan y producen efecto. Cabría preguntarse sobre el impacto que algunos, los más violentos, tienen en los tres sectores del campo de la mediatización: los medios, las instituciones y los actores individuales o miembros de la sociedad.
Los estudios modernos señalan tanto que los medios no tienen influencia sobre el origen de la violencia, sino que la incrementa. Observando sus mensajes, comprobamos diversas formas de violencia: la agresión, la impunidad, el asesinato, la injusticia, la estafa, la desigualdad social, la ostentación de la riqueza, la exhibición de lo privado y de los horroroso, la sexualidad perversa, etc.,  La lucha y otras formas de hostilidad predominan entre los niños que están bajo la constante sujeción arbitraria de los adultos.

A algunos maestros les resulta difícil enfrentarse con problemas de comportamiento sin utilizar la fuerza. Castigar cualquier acción que consideran una amenaza contra su autoridad. La reacción de un maestro ante el comportamiento agresivo depende mucho de su bienestar físico y del estado emocional del momento. Si sus necesidades de éxito, de reconocimiento y de vida familiar y segura no han sido satisfechas, es probable que llegado el caso demuestre sus propios sentimientos agresivos.
El maestro debe cuidar que su estado mental sea bueno, de modo de poder aceptar sin sobresaltos ni muestras de emoción el comportamiento insolente y agresivo de los alumnos.


Es imposible dominar los instintos violentos de los niños con la simple aplicación de métodos severos de disciplina. En vez de eliminar los sentimientos hostiles, mediante engaños, críticas, sarcasmos y prohibiciones solo se logrará aumentar el antagonismo y hacer más difícil su desarraigo. 

3 comentarios:

  1. Mi hijo de 9 anos no me hace caso ni a mi ni en su escuela, no quiere hacer deberes, y mato una iguana a palos !! No se que hacer ayuda !!!

    ResponderEliminar